Jesús dijo: «No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.» (Mt 15:24). Sin duda alguna su ministerio terrenal fue dirigido mayormente hacia la nación de Israel. No obstante, Israel no era el único por el que Dios se interesaba. Dios eligió a Israel para poder bendecir a todos los pueblos de la tierra. Así diserta Isaías: «Así dice Dios el Señor, el que ha creado los cielos y los despliega, el que extiende la tierra y lo que ella produce; el que infunde su aliento en el pueblo que la habita y da de su espíritu a quienes la recorren: «Yo soy el Señor. Yo te he llamado en el momento justo, y te sostendré por la mano; yo te protegeré, y tú serás mi pacto con el pueblo y una luz para las naciones. Quiero que abras los ojos de los ciegos, que saques de la cárcel a los presos, y de sus calabozos a los que viven en tinieblas.» (Is. 42:5-7 RVC).
Las palabras isaianas se cumplieron con la llegada del Mesías prometido (Ge 3:15; Ga 3:16, 19). El Señor confirmó que el Mesías vendría del linaje de Abraham, Isaac, Jacob..., David (Ge 12:1-3; cf. Mt 1:1-17). Jesucristo es la razón fundamental por la que el Señor eligió a Israel para ser su pueblo. El Señor eligió a Israel con un propósito, a saber, preparar al mundo para recibir al Mesías. Por medio de Israel o más específicamente, por medio del Mesías que surgiría de Israel, Dios alcanzaría a todo el mundo (Dn 9:25; 1 Jn 4:14). De hecho, el Señor le había dicho a Israel «tú serás mi pacto» (Is 42:5-7; He 3:25, 26: Ro 15:8). Pero posteriormente, Israel terminó rechazando la condición del pacto: «aceptar al Mesías como su Salvador» (Lc 19:14; Jn 1:11; He 7:51, 52).
Como mencioné anteriormente, los cristianos evangélicos tienen sus ojos puestos en el Estado de Israel. Aducen que Israel es aún el pueblo escogido por el Señor. Cabe preguntar, ¿El Israel del presente sigue siendo el pueblo elegido del Señor? Me parece que Israel dejó de ser el pueblo de Dios. Tenga presente lo que subyace en la enseñanza de la parábola de las diez minas: «No queremos que este reine sobre nosotros.» (Lc 19:14). El pueblo de Israel colmó la paciencia del Señor. Muchas veces el Señor los amonestó, pero Israel desobedeció, «Esconderé de ellos mi rostro, y veré cuál será su fin, porque son una generación perversa, hijos e hijas infieles» (Dt 32:20). Israel no solamente se rebeló contra el Señor, también asesinó a sus profetas (Ro 11:3). Finalmente, le dieron muerte al enviado celestial al Hijo de Dios (Mt 26:3-4; 27:22-25; Lc 23:21; Jn 11:47-*53).
El relato isaiano y el deutoronómico expresan que el Señor hizo todo lo posible por Israel: «Extendí mis manos todo el día a un pueblo rebelde, el cual anda por caminos no buenos, y en pos de sus propios pensamientos» (Is 65:2). Así pues, «Yo los provocaré a celos con un pueblo que no es mi pueblo» (Dt 32:21), y «Llamaré Pueblo mío al que no era mi pueblo» (Ro 9:5). Pero eso no quiere decir que el Señor no tenga un pueblo. El Señor tiene un pueblo compuesto por personas de todo el mundo «Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia», «Israel no consiguió lo que tanto deseaba, pero sí lo consiguieron los elegidos...», «gracias a su transgresión ha venido la salvación a los gentiles...» (Ro 11:5, 7, 11).
Cuando el Señor venga a buscar a su pueblo, allí estarán reunidos todos los que aceptaron a Cristo como su Salvador. El Israel espiritual.
Que su Palabra pueda satisfacer su necesidad espiritual en este día. Confío que así será. Cuenta con mi Dios. Mi Dios es real. Mi Dios es Dios, porque únicamente él es Dios. Mi Dios sin igual.
¡Bendecido día!
«Adquiere la verdad y la sabiduría, la disciplina y el discernimiento, ¡y no los vendas!» (Pr 23:23 NVI)
Prof. Benjamín López Rivera, MEd
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