Hace unos años se hizo un estudio sobre las distintas apreciaciones sobre los cristianos. El mismo reveló que la hipocresía se llevó el tercer lugar. Un ochenta y cinco por ciento de los encuestados entre las edades de dieciséis y veintinueve años expresó esta reacción hacia los cristianos. ¡Que lamentable! Los cristianos son hipócritas por naturaleza, énfasis propio (The Barna Research Group and the Fermi Project, "A New Generation Expresses its Skepticism and Frustration with Christianity", ["Una nueva generación expresa su escepticismo y frustración con el cristianismo] septiembre de2007. Se pueden encontrar detalles del estudio en el libro unchristian: What a New Generation Thinks about Christianity . . . And Why It Matters [no cristiano: Lo que piensa una nueva generación acerca del cristianismo... Y por qué importa] de David Kinnaman y Gabe Lyons (Grand Rapids, MI: Baker Books, 2007).
Exploremos esta apreciación, pero antes definamos el sustantivo hipocresía: «Es probable que el concepto de hipocresía del NT haya sido influenciado por dos fuentes: (1) el hebreo ḥānēp̄, «contaminado», «impío»; (2) el griego ático hupokrisis, «respuesta de actor», de donde viene representación en escena o actuación. Pedersen, pone la raíz ḥnp entre las palabras que denotan «antagonismo hacia lo que es sagrado» (Israel, Oxford University Press, Londres, 1940, III–IV, p. 271). En Job donde aparece la mayoría de las veces, la palabra es paralela a «todo el que olvida a Dios» (Job. 8:13), «malvado» (Job 20:5; 27:8), etcétera. La LXX traduce ḥānēp̄ con una variedad de palabras que significan desobediencia e impiedad: anomos (Is. 9:17), asebēs (Job 8:13; 20:5, etc.), paranomos (Job 17:8), etcétera. Ocasionalmente, se usa hupokritēs (Job 34:30; 36:13). «Impío» e «impiedad» dan exactamente la idea del AT de que la hipocresía no es tanto duplicidad o insinceridad como impiedad y desconsideración con la ley de Dios. En la seria denuncia de los escribas y fariseos hecha por Cristo en los Sinópticos (las únicas apariciones de hupokritēs en el NT), se siente fuertemente el sentido «impío» del AT, por ejemplo, Mt. 22:18; 23:13–29, y 24:51, donde el paralelo (Lc. 12:46) tiene «infiel». Además, mientras Mr. 12:15 dice «hipocresía», Mt. 22:18 y Lc. 20:23 tienen «malicia» y «astucia». Como ha notado A. G. Hebert, el argumento de Jesús no es que los escribas y fariseos estaban deliberadamente fingiendo, sino que mientras exteriormente eran religiosos, interiormente era profanos e impíos (RTWB, p. 109). En Ga 2:13 no es tanto el fingir, sino la actuación sin principios lo que Pablo condena. En otros lugares, la idea griega de actuación aparece en primer plano. Hipócrita en Mt. 6:2, 5, 16 parece significar actor o el que representa un papel, como también ocurre en la única aparición del verbo hupokrineszai en Lc. 20:20. El adjetivo anupokritos, «genuino», «sincero», «sin hipocresía» (Ro. 12:9; 1 Ti. 1:5; Stg. 3:17, etc.), también parece reflejar la influencia del drama griego. No es imposible que los dos conceptos del NT «impiedad» y «actuación teatral» puedan ser explicados desde el hebreo o el arameo sin tener que recurrir al pensamiento griego, porque ḥānēp̄ en el período posbíblico llega a significar «hipócrita», «adulador» o «falto de sinceridad».» (Disponible en: https://www.biblia.work/diccionarios/hipocresia-hipocrita-2/).
Teniendo presente lo antes expuesto quiero hacer énfasis en lo siguiente, Jesús nunca utilizó el adjetivo hipócrita para sus discípulos. Usted preguntará por qué no lo hizo. Por la sencilla razón que los discípulos no eran hipócritas. Al menos en el sentido conceptual de la época. Jesús conocía a sus discípulos (Jn 10:14). No cabe duda que las palabras de Jesús dirigidas a esas personas son fuertes.
Queremos desligarnos de la hipocresía. No nos gusta que nos llamen hipócrita. Decimos que no tenemos nada que ver con la hipocresía. Sin embargo, cuán hipócritas somos. Expongamos un caso hipotético. El mismo tiene que ver con las personas olvidadas y abandonadas a su suerte. Digamos que pasan los minutos, las horas, los días, los meses, los años y nadie procura por ti. Con tanta tecnología a su alcance, los autoproclamados cristianos ni tan siquiera hacen el intento de comunicarse contigo. No saben nada de ti. Ahora bien, ¿Qué pasa cuando te ven en algún lugar? Lo primero que hacen es recurrir a la mentira. Como todo buen hipócrita con la Biblia bajo el brazo te dicen: me alegra verte. He estado orando por ti todo este tiempo. ¡Qué triste! La mayoría de los autoproclamados cristianos son los únicos hipócritas que se acercan a ti para decirte: no te sientas mal. No estás solo. Dios no se olvida de ti. Sin embargo, estos tartufos son los primeros que se alejaron y te abandonaron.
No hay momento mas triste ni desalentador que cuando sentimos que estamos solos. Pensamos que todos se han olvidado de nosotros. Nos arropa la mala sensación del abandono en la soledad. Sentimos la sensación de que no somos nada. Que no le importamos a nadie. Itero, no hay peor sensación que la de sentirse solo y abandonado. Vienen pensamientos fuertes. Pensamientos y sentimientos que provocan descontento. Sentimos vergüenza, pero lo más que nos afecta es sentirnos olvidados sin importarle a nadie. Si en realidad le importáramos a alguien estuviera con nosotros en los momentos buenos y menos buenos.
Los autoproclamados cristianos, los que dicen ser seguidores de Jesús, solo son mojigatos que usted ve desde la plataforma de sus iglesias enunciando que Dios, no se olvida de nadie, pero son los primeros en olvidarte y abandonarte. Eso sí, que después de haberte abandonado por años, sin saber de ti, cuando te ven en algún lugar, reaccionan como todo hipócrita, recurren a la mentira y tratan de resolver con paliativos indoloros como: me alegra verte, sabes que sigo orando por ti. ¡Hipócritas! Los jóvenes encuestados tienen razón. Los cristianos son hipócritas.
La Biblia dice: «El hombre que tiene amigos, ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano.» (Pr 18:24 JBS). Me parece que este pasaje habla de las virtudes de la vida social, de la sociabilidad, la afabilidad, del amor a los amigos, la compasión entre otros. El probervista enuncia que los amigos permanecen fieles aún cuando nuestros hermanos (ya sea en la fe o de sangre) nos hayan abandonado.
La mayoría de los autodominados cristianos son hipócritas por naturaleza. Actúan bajo el manto de la hipocresía. Le hacen homenaje a la hipocresía. ¿Cuánto tiempo hace que tu pastor no te visita ni te llama? ¿Cuánto tiempo hace que tu hermano en la fe no procura por ti? ¿Cuánto tiempo hace? ¿Cuánto? ¿Cuánto? Como enuncia la Biblia, Jesús conocía a sus discípulos (Jn 10:14). No todo el que llamaba a Jesús «Señor» era parte de su reino (Mt 7:21). Los hipócritas no pertenecen al reino de Cristo. Tal vez, por eso, no llamaba hipócritas a sus discípulos. Sin embargo, se dirigió a otros con este calificativo.
El probervista enuncia que los amigos permanecen fieles aún cuando nuestros hermanos nos hayan abandonado. Si hay algo que he comprendido es que Jesús no es religión. Jesús es un amigo fiel. No hay amigo como Jesús. Decidí no estar aferrado a la religión, sino a Cristo. Me aferro a él. Al amigo que nunca cambia (Hb 13:8). Me aferro a Dios, porque «Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta...» (Nm 23:19). Me aferro a Dios porque los designios de su corazón permanecen para siempre (Sl 33:11). Me aferro a Dios porque su propósito ya está establecido (Is 46:10). Me aferro a Dios porque él «da vida y aliento» a todos los que vivimos en la tierra (Is 42:5 DHH). Me aferro a Dios porque «En su mano está la vida de todo ser viviente» (Job 12: 10 DHH). La de los creyentes y la de los no creyentes. Todos seguimos aquí porque Cristo nos ha dado vida. Me aferro a Dios porque él comenzó la buena obra en mi, y la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús (Flp 1:6).
Existe aproximadamente unas 4300 religiones diferentes en el mundo. No es que Dios haya enviado a su Hijo a establecer una religión. En ningún momento Dios dijo: ¡Miren esta es la religión que los salvará! Los judíos pensaron que la salvación eterna venía de la Torá (Jn 5:39). Cuán equivocados estaban. Terminaron asesinando al Dador de la vida (Jn 1:11). Todas las religiones que existen fueron creadas por seres humanos. Tienen normas y reglamentos. Normas y reglamentos que no están en la Biblia. Muchas están fundamentada en el negocio lucrativo (sustentado según algunos en Lc 2:49). Lo que les importa a estos mercaderes es reunir adeptos. Mientras más adeptos tengan más diezmos y ofrendas recibirán. Negocio redondo. Son mercaderes del templo. Multimillonarios que en el nombre de la religión meten las manos en tu bolsillo y te sacan el dinero. Si no logran convencerte te acusarán de ladrón y dirán que estás maldito. Te maldecirán si no das el diezmo y las ofrendas (Ml 3:8, 9). Sin olvidar la amenaza de la perdición eterna en el supuesto infierno ardiente.
Por eso, me aferro a Dios. No a la religión. Ninguna religión salva. Reitero, ninguna. Ese pensamiento solamente está en la mente de los apologetas católicos y algunos apologetas protestantes. Si usted es de los que le gusta congregarse en una iglesia por aquello de que su pastor le haya dicho que su iglesia es la única que lo llevará a la salvación, entonces, es hora de que lea y estudie la Biblia por usted mismo con la ayuda del Espíritu Santo. La Biblia enseña que no hay otro camino para la salvación, sino por medio de Cristo. Jesús adujo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (Jn 14:6). Jesús fue el único elegido por Dios para ser el Salvador (1 Pe 2:4). Jesús es el único que está en el cielo para interceder por nosotros (Ro 8:34; 1 Ti 2:5; 2 Cor 5:21). Jesús es el único que ha vivido una vida perfecta (Hb 4:15). Él es el único sacrificio por el pecado (1 Jn 2:2; Hb 10:26). Jesús es el único que cumplió con la ley y con todo lo propuesto por los profetas (Mt 5:17). Es el único que ha vencido a la muerte (Hb 2:14-15). Es es el único mediador entre Dios y la humanidad (1 Ti 2:5). Es el único a quien Dios ha exaltado hasta lo sumo (Flp 2:9).
Por eso, me aferro a Dios, no a la religión. No estoy diciendo que no se congreguen. Si es cuestión de congregarse por aquello de «no dejes de congregarte» (Hb 10:25), está en libertad de hacerlo con personas que valoran el sacrificio que Cristo hizo por usted. Congréguese donde los diezmos y las ofrendas no sean prioridad. Donde los diezmos y las ofrendas no tengan más valor que el oferente. Si no lo valoran es tiempo de salir. Porque peor sería escuchar las palabras de Jesús: «Pero yo les responderé: "Nunca los conocí. Aléjense de mí, ustedes, que violan las leyes de Dios".» (Mt 7:23 NTV). No tema al cambio siempre y cuando sea para la gloria de Dios. Ninguna religión salva. No hay méritos en ninguna religión que nos pueda salvar. No es cuestión de religión, sino de su relación con Dios. Así fue en el pasado. Así es en el presente. Y, así será hasta el día de Cristo Jesús (Flp 1:6).
Que su Palabra pueda satisfacer su necesidad espiritual en este día. Confío que así será. Cuenta con mi Dios. Mi Dios es real. Mi Dios es Dios, porque únicamente él es Dios. Mi Dios sin igual.
¡Bendecido día!
«Adquiere la verdad y la sabiduría, la disciplina y el discernimiento, ¡y no los vendas!» (Pr 23:23 NVI)
Prof. Benjamín López Rivera, MEd
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