diciembre 28, 2022

Actos de hipocresía, odio y prejuicio bajo el manto de la religión pura y sin mancha

La Biblia fue escrita en épocas diferentes, en culturas diferentes e idiomas diferentes hace aproximadamente unos 3400 años. Al parecer las denominaciones religiosas del presente pasan estos detalles por alto. Note que hoy día las denominaciones religiosas presumen estar fundamentadas en la Biblia. Por ejemplo, la Iglesia Católica Apostólica Romana presume su fundamento en Mateo 16:16-18. Cabe preguntar, ¿Estaba pensando Mateo, en la Iglesia Católica cuando se escribió su evangelio aproximadamente entre los años 50-69 d. C.? La Iglesia Pentecostal presume su fundamento en Hechos 2. Pregunto, ¿Estaba pensando Lucas, en la Iglesia Pentecostal cuando se emitió su escrito aproximadamente en el año 62 d. C.? La Iglesia Adventista del Séptimo Día presume su fundamento en Apocalipsis 12:17. Cabe preguntarse, ¿Estaba pensando el revelador, en la Iglesia Adventista del Séptimo Día cuando se escribió Apocalipsis aproximadamente entre los años 94-96 d. C.? Los testigos de Jehová presumen su fundamento en Isaías 43:10-12. Pregunto, ¿Estaba pensando el profeta Isaías, en los testigos de Jehová cuando se escribió el libro aproximadamente entre los años 700-681 a. C.? Existen más de 4300 confesiones religiosas, y todas presumen estar fundamentadas en la Biblia. 

Presumen la autoridad de ser el vocero de Dios en este mundo. Sin embargo, sus actos de hipocresía, odio y prejuicio deja mucho que desear. Por ejemplo, confesiones religiosas condenándose unas a otras por incompatibilidad doctrinal. Capaz de utilizar todo tipo de recursos para condenarse. 

Confesiones religiosas que destruyen vidas. Las alejan de Dios. Se amparan en el aforismo que aduce: «Hay que decir la verdad cueste lo que cueste, y llamar el pecado por su nombre». Recurren al camuflaje de la disciplina esclesiástica, pero sus acciones disciplinarias son actos condenatorios de expulsión.

Confesiones religiosas que recurren a insultos camuflajeados bajo el manto de la religión pura y sin mancha. Atentan contra la dignidad del ser humano. Se faltan el respeto entre ellas mismas con epítetos peyorativos como bestia, prostituta, hijos del diablo, etcétera.

Se supone que estos movimientos religiosos promuevan la paz y el sociego, sin embargo, promueven la discordia, la hipocresía, el odio y el prejuicio. Se acusan unas a otras de intolerancia religiosa. Se tildan de inquisidores. Un sector religioso denuncia a otro por asesinar a millones de cristianos. El mismo sector denunciante oculta bajo su techo de cristal el intento de exterminio de varias poblaciones en diferentes países. Solo por mencionar un ejemplo, véase el intento de exterminio de la población Tutsi, Ruanda entre el 7 de abril y el 15 de julio de 1994, en el que se asesinó aproximadamente al 70% de los tutsis. Se calcula que entre quinientos mil y un millón de personas fueron asesinadas. Sucesos que no dejan de ser actos de violencia religiosa, hipocresía, odio y prejuicio bajo el manto de la religión pura y sin mancha. Asesinos en nombre de la religión pura y sin mancha. 

Confesiones religiosas corruptas. Se autoproclaman a sí mismo como la voz de Dios, pero sus acciones reflejan irrespeto al buen nombre de Dios, y a la dignidad del ser humano. Sus concilios o juntas directivas son expulsoras (aislamiento social). Muy parecida a la Junta Suprema del tiempo de Jesús. Solo hay que puntualizar los desacuerdos de las autoridades civiles y religiosas contra Jesús. El presente no es la excepción. Las corporaciones religiosas del presente se acreditan el poder de tomar decisiones bajo el manto presuntuoso de una autoridad delegada por Dios.

Cuando hablamos de actos de discordia, hipocresía, odio y prejuicios; puntualizamos la segmentación religiosa, la ausencia de diversidad racial, aislamiento social, prejuicios sociales, religiosos, género, discapacidad, edad, etcétera. 

Llegará el momento cuando estas confesiones religiosas escuchen lo siguiente: «Nunca los conocí. Aléjense de mí, ustedes, que violan las leyes de Dios» (Mt 7:23 NTV).

La carta cursada por el apóstol Santiago, en un lenguaje claro e inequívoco diserta que la religión pura y sin mancha debe pasar la prueba de las Escrituras y la actitud de la persona en su relación con el Señor, con el prójimo y consigo mismo. La religión pura y sin mancha no es sólo el colectivo de mandamientos, creencias, principios espirituales y morales establecidos en las Escrituras, sino también la observancia práctica de los mismos. La actitud que asuma una persona a partir de lo enunciado en las Escrituras dejará ver su cristianismo interno, o sea su compromiso con Dios.

Que su Palabra pueda satisfacer su necesidad espiritual en este día. Confío que así será. Cuenta con mi Dios. Mi Dios es real. Mi Dios es Dios, porque únicamente él es Dios. Mi Dios sin igual.

¡Bendecido día!

«Adquiere la verdad y la sabiduría, la disciplina y el discernimiento, ¡y no los vendas!» (Pr 23:23 NVI)

Prof. Benjamín López Rivera, MEd

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