El Señor ha puesto todos los recursos a su alcance para que usted sea salvo. Su némesis hace lo contrario. El título de nuestra reflexión de hoy es «Fue mi decisión». Dios ha utilizado todos sus recursos para que seamos salvos, pero somos nosotros quienes decidimos por la salvación o condenación eterna. Jesús dijo: «Muchos son los llamados, pero pocos son los escogidos» (Mt 22:14). Palabras significativas. El Señor ha utilizado todos los recursos a nuestro favor. Su último y más preciado recurso fue proveer la salvación por medio del sacrificio de su Hijo: «Así en efecto, amó Dios al mundo, tanto, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que continúe creyendo [en Él] pueda proseguir teniendo vida eterna» (Jn 3:16, traducción propia).
El Señor no quiere que nadie se pierda: «El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; más bien, es paciente para con ustedes porque no quiere que nadie se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento» (2 Pe 3:9 RVA 2015). Otra versión reza: «No es que el Señor se tarde en cumplir lo que prometió como piensa la gente. Lo que pasa es que Dios es paciente porque no quiere que nadie sea destruido, sino que todos cambien su vida y dejen de pecar» (PDT).
Cabe preguntar, ¿Por qué es difícil perderse? Estoy de acuerdo con la disertación del autor Morris Venden, cuando trata con la respuesta a esta pregunta. «Si usted decide perderse tendrá primero que luchar contra Dios, segundo contra su hijo Jesucristo, tercero contra el Espíritu Santo, cuarto contra dos terceras partes de los ángeles de Dios que están al servicio para que usted no se pierda, y quinto contra todos sus amigos que oran por usted. Por el contrario, si usted desea ser salvo tendrá que luchar contra el diablo y contra una tercera parte de los ángeles caídos. Pero Jesús, ha decidido dar esa lucha por usted» (Morris Venden, «Es difícil perderse», cursiva nuestra). Muy de acuerdo con Venden, es difícil perderse.
Se ha puesto a pensar que en el proceso de la toma de decisiones podemos limitar al Dios todopoderoso. Dios puso todos sus recursos a nuestro alcance para que seamos salvos, pero no nos obliga en la toma de decisiones. Dios le ama, pero no lo obligará a amarlo. Así también ofrece la salvación, pero no nos obliga a escogerla.
Hay un himno en la Biblia que me estremece cada vez que lo leo, Filipenses 2:5-11. Me estremece porque no quiero perder la salvación que es en Cristo Jesús. La disertación paulina aduce: «para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre». Note que dice: «para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla». La palabra «todo» viene del griego πᾶς pas, significa, literalmente, todos. Nuestra decisión será crucial. Sea cual sea la decisión que usted tome, será crucial para vida o muerte eterna.
Este pasaje es citado de Isaías 45:23. Quien habla allí es Adonay. Pablo aplica este pasaje a Jesús. El némesis de Jesús, el diablo doblará rodillas ante Él, reconociéndolo como Adonay todopoderoso. Lo hará antes de ser exterminado junto con sus ángeles caídos y demás seguidores. Aquí todos los que eligieron perderse no tendrán excusa. Ni siquiera el mismo Satanás. Después de su confesión, que «Jesús es el Señor» quedará sin palabras porque el pecado nunca tuvo razón de ser.
No sé usted, pero mi anhelo es confesar por medio de mi testimonio que Jesús es el Señor todopoderoso. Dios agotó todos sus recursos para salvarme. Prefiero confesar su Nombre dentro de los muros de la nueva Jerusalén, no fuera de ella. No tendré excusa para perderme porque Dios agotó todos sus recursos para salvarme. Si eso ocurre fue mi decisión. Pronto se escuchará el sonido de las trompetas anunciando el regreso de Cristo. Será triste escuchar el lamento de muchos, «Señor, perdóname…», pero será muy tarde porque el juicio ha sido realizado y la sentencia está puesta (Mt 13:50; Ap 22:11).
Se dice que mientras haya vida hay esperanza (Ro 15:4). El Señor nos ha dado un día más de vida. ¡Ojalá su decisión sea la correcta! Su tiempo podría ser hoy. Tal vez mañana no vea la luz de un nuevo amanecer. Podría ser tarde. ¡Sabes! si por alguna razón no hay un mañana, le exhorto a que busque al Señor mientras pueda ser hallado! ¡Llámalo en tanto que está cerca! (Is 55:6).
Que su Palabra pueda satisfacer su necesidad espiritual en este día. Confío que así será. Cuenta con mi Dios. Mi Dios es real. Mi Dios es Dios, porque únicamente él es Dios. Mi Dios sin igual.
¡Bendecido día!
«Adquiere la verdad y la sabiduría, la disciplina y el discernimiento, ¡y no los vendas!» (Pr 23:23 NVI)
Prof. Benjamín López Rivera, MEd
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