diciembre 15, 2022

Distinga la fe de la presunción

«También retén a tu siervo de actos presuntuosos; no dejes que me dominen» (Sl 19:13 TNM 1987)

¿Qué es la fe? De acuerdo con la Biblia, «Es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Hb 11:1, 6; cf. Ef 2:8; Lc 7:50; 1 Pe 1:8-9; Stg 1:2-4). 

La fe está basada en la Palabra de Dios. Es un fundamento seguro y confiable para nuestras creencias. Juan, adujo: «...esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe» (1 Jn 5:4). Por supuesto, nuestra fe basada en lo méritos de Cristo (Ro 5:1; Ef 2:8).

Opuesto a la fe está la presunción. Esta consiste en una opinión o creencia basada en una conjetura o falsa premisa que la gente supone que es verdadera.

La fe y la presunción tienen cualidades similares, sin embargo, hay un límite entre la fe y la presunción. Permítame presentar el mismo por medio de la disertación dada por Moisés, al pueblo de Israel, en el desierto, al este del Jordán (Dt 1). Moisés hace su alocución recapitulando la historia del pueblo israelita. Habla de las promesas de Dios (v. 6). Hace mención de la ira del Señor a causa de la incredulidad del pueblo, y su desobediencia (vv. 34, 41). En fin, diserta varios asuntos, no obstante nos remitiremos a los (vv. 42-43). Dios había hecho grandes proezas con su pueblo. Sin embargo, este protestó porque en su peregrinar con Dios, no entendieron sus maravillosas bendiciones. Por ende, dejaron de confiar en él.

¿Cuántas bendiciones hemos perdido debido a nuestra manera equivocada de pensar? Como aduje, hay un límite entre la fe y la presunción. Observe los siguientes pasajes: «Pero el Señor me encargó que les dijera: "No ataquen, porque yo no estoy con ustedes. Si insisten en ir solos, serán aplastados por sus enemigos". »Eso fue lo que les dije, pero ustedes no quisieron escuchar. En cambio, se rebelaron otra vez contra la orden del Señor y marcharon con arrogancia a la zona montañosa para pelear. Entonces los amorreos que vivían allí salieron a atacarlos como un enjambre de abejas. Los persiguieron y los vencieron por todo el camino desde Seir hasta Horma» (Dt 1:42-43 NTV). Estos pasajes enuncian una acción presuntuosa. El límite entre la fe y la presunción. Observe que aquí no se trataba de la fe como tal. Si los israelitas lo hubieran hecho como en el principio porque creían a Dios, pues habría sido diferente. Pero la actitud asumida revela que actuaron presuntuosamente y eso era una situación totalmente diferente. Ellos desobedecieron deliberadamente. Por eso, la presencia de Dios no estuvo con ellos. Porque Dios no habita con el pecado, «Tú eres demasiado puro para consentir el mal, para contemplar con agrado la iniquidad» (Hab 1:13 DHH). Definitivamente aquí se distingue la fe de la presunción.

La fe ejerce obediencia, la presunción desobediencia. Es lamentable que una persona que persiste en la desobediencia, crea que Dios la bendice mientras continúa en el pecado deliberadamente. La Palabra de Dios es clara: «El que no es conmigo, contra mí es…» (Lc 11:23). «Viene el príncipe de este mundo y no tiene nada en mi» (Jn 14:30). Permítame decirle lo siguiente, si Dios no está dirigiendo su vida espiritual, entonces, usted está en peligro de extinción.

También debo decirle que está a tiempo para salir del peligro. De acuerdo con el ejemplo presentado, se percibe la falsa premisa de que Dios bendice aún cuando estamos en pecado. En desobediencia. El raciocinio deductivo presuntuoso infiere que usted puede hacer lo que le parezca. O sea, decido a hacer tal cosa, sé que está mal, pero no importa, porque sé que Dios me perdonará. Siendo que Dios es amor, su misericordia es tan grande que él me perdonará. No cabe duda que el presuntuoso planifica su pecado y luego lo ejecuta con la esperanza del perdón.

La persona presuntuosa justifica sus acciones por aquello de que nació con una naturaleza pecaminosa: «Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre» (Sl 51:5 NVI). El presuntuoso piensa, sé que es pecado lo que voy hacer, pero no importa porque Jesús murió por mis pecados. Ya Jesús pagó mi deuda. Esta acción es sumamente peligrosa. Observa los relatos de Nadad y Abiú (Lv 10:1-5), Acán (Jos 7), Judas (Mt 27:1-5), Ananías y Safira (He 5:1-11).  

El pecado de la presunción es la confianza propia que dice: es mi percepción, así pienso, así lo veo, así lo creo, no me juzgues y punto. Hay una advertencia bíblica para la actitud presuntuosa: «Ten cuidado de ti mismo...» (1 Ti 4:16). ¡Cuidado¡ ¿por qué? Por lo que somos, «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿Quién lo conocerá?» (Jr 17:9). Si Cristo no mora en su corazón no habrá discernimiento espiritual ni sentimientos puros, sino engaño, presunción y confusión.

Uno puede ser presuntuoso sobre su estado espiritual ante el Señor. De hecho, es una situación complicada porque en el juicio final habrá muchos que se presentarán ante el Señor, convencidos de que le pertenecen, pero su presunción quedará expuesta: «Nunca los conocí. Aléjense de mí, ustedes, que violan las leyes de Dios» (Mt 7:23 NTV). 

La Palabra aduce que: «...todo lo que no proviene de fe, es pecado» (Ro 14:23 RVR 1960). Otra versión reza: «...Si haces algo que crees que está mal, pecas» (Stg 4:14 NTV). Por otro lado dice: «Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados, sino cierta horrenda expectación de juicio, y la furia de un fuego que ha de consumir a los adversarios» (Hb 10:26-27 LBLA).

Este último pasaje se ha tomado para amedrentar a las personas con respecto al juicio final. Guarda alguna relación, pero va mucho más allá, «Este pasaje en su contexto se refiere a la actitud de pensamiento que predomina cuando el individuo deliberadamente renuncia a Cristo, rechaza la salvación y al Espíritu Santo. Es el pecado deliberado, persistente y desafiante» (CBA).   

«Por eso es necesario que prestemos más atención a lo que hemos oído, no sea que perdamos el rumbo. Porque, si el mensaje anunciado por los ángeles tuvo validez, y toda transgresión y desobediencia recibió su justo castigo, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?» (Hb 2:1-3 NVI).

Debe distinguir la fe de la presunción. Dependamos más de Dios y menos de nosotros mismos. Así no caeremos en actos presuntuosos.  

De lo más profundo de su corazón clame a Dios como lo hizo el proverbista: «También retén a tu siervo de actos presuntuosos; no dejes que me dominen» (Pr 11:12 TNM 1987).

Que su Palabra pueda satisfacer su necesidad espiritual en este día. Confío que así será. Cuenta con mi Dios. Mi Dios es real. Mi Dios es Dios, porque únicamente él es Dios. Mi Dios sin igual.

¡Bendecido día!

«Adquiere la verdad y la sabiduría, la disciplina y el discernimiento, ¡y no los vendas!» (Pr 23:23 NVI)

Prof. Benjamín López Rivera, MEd

Con excepción de las fuentes citadas, el contenido literario es propiedad del autor. Si desea compartir la información, por favor dé los créditos a las fuentes citadas como también a: bibliondidaskalia.blogspot.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El sábado ¿asunto neurálgico para la salvación?

«Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos.» (Jn 14:15 NBV) Una estadística revela que en el mundo existe más de trenta mil (30000) ig...

Mi Dios sin igual