Uno de los temas clave en la literatura neotestamentaria es el sacrificio sustitutivo de nuestro Señor Jesucristo. El macro del plan salvífico. Él se dio en sacrificio por los pecados de todo el mundo. Cualquier religión que niegue la expiación mediante la sangre de nuestro Señor Jesucristo niega el fundamento del cristianismo. Alguien dijo que una cruz sin sangre no puede salvar a nadie. De hecho, la Ley exige que casi todo sea purificado con sangre, pues sin derramamiento de sangre no hay perdón. (Hb 9:22 NVI).
Los autores bíblicos hablaron del sacrificio sustitutivo de Cristo, «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros.» (Is 53:6). «...así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.» (Mt 20:28). «...porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.» (Mt 26:28). «...de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas.» (Jn 10:15). «Nadie tiene un amor mayor que éste: que uno dé su vida por sus amigos.» (Jn 15:13). «Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre.» (He 20:28). «Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.» (Ro 5:8). «Jesucristo dio su vida por nuestros pecados para rescatarnos de este mundo malvado» (Ga 1:4). «Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Ga 2:20). «...y andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma...» (Ef 5:2, 25). «...y Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados.» (1 Pe 2:24). «Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne pero vivificado en el espíritu...» (1 Pe 3:18). «En esto conocemos el amor: en que Él puso su vida por nosotros...» (1 Jn 3:16). «...y de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos libertó de nuestros pecados con su sangre...» (Ap 1:5). «Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación.» (Ap 5:9).
A pesar de la abundante evidencia escritural relativa al sacrificio sustitutivo de nuestro Señor Jesucristo hay quienes lo niegan. Por ejemplo, la Comunidad Musulmana Ahmadía aduce: «La idea de que Jesús murió por los pecados de la humanidad es contradictoria con las enseñanzas del Antiguo Testamento. La Biblia nos dice que nadie puede redimir a otro, muriendo para perdonar sus pecados. El perdón se recibe siguiendo los mandamientos de Dios, no por creer en la muerte de nadie, ni por creer en Jesús.» ("¿Jesús murió por nuestros pecados?". Disponible en: https://www.ahmadiyya-islam.org/es/preguntas-y-respuestas/jesus-murio-pecados/).
Al parecer, la Comunidad Musulmana Ahmadía no reconoce la literatura neotestamentaria. No es que la desconozca, sino que no la reconoce. En cuanto a la literatura veterotestamentaria, parece ser que Ahmadía olvidó a Isaías 53:4-6, 10, un capítulo apodíctico del sacrificio sustitutivo de nuestro Señor Jesucristo. Ahmadía rechaza la expiación sustitutiva de nuestro Señor Jesucristo. Esta comunidad verbaliza que el perdón se recibe a través de los mandamientos de Dios, no por creer en la muerte sustitutiva de Jesús. Sería significativo que Ahmadía le diera un vistazo a Juan 5:39: «Ustedes examinan las Escrituras porque piensan tener en ellas la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio de Mí!» Las Escrituras o la Toráh incluía la Ley de Moisés (pentateuco), los profetas y los salmos. Al igual que Ahmadía, los judíos del tiempo de Jesús creían que la salvación era a través de la Ley. Pero, Jesús verbalizó que las Escrituras daban testimonio de Él. Para efecto del plan salvífico tenían que contar con su sacrificio sustitutivo (Jn 12:32). Permítame recordar a la Comunidad Musulmana Ahmadía, a los judíos no mesiánicos y, a todos los que presentan los mandamientos de Dios como medio salvífico que, somos salvos por la fe únicamente en Cristo Jesús. El testimonial escritural es acerca de Cristo, no es acerca de la Ley. La Ley no salva a nadie. La Ley no tiene poder para salvar. El poder salvífico está en Cristo Jesús.
Cristo no sólo dio testimonio de su sacrificio expiatorio a los líderes de Israel, sino también a sus amados discípulos: «Después Jesús les dijo: «Esto es lo que Yo les decía cuando todavía estaba con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre Mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos». Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito, que el Cristo padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día; y que en Su nombre se predicará el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lc 24:44-47). El relato jesuano diserta que «el Cristo padecería», o sea, que sería el sacrificio sustitutivo.
Comunidad Musulmana Ahmadía, la idea de que Jesús murió por los pecados de la humanidad no es contradictoria con las enseñanzas del Antiguo Testamento. En cuanto a que la Biblia articula que nadie puede redimir a otro, muriendo para perdonar sus pecados debe analizarse en su contexto dado. Por lo tanto, enuncio tanto a la Comunidad Musulmana Ahmadía, como a los judíos no mesiánicos y, a todos los que presentan los mandamientos de Dios como medio salvífico, que más allá de la Ley, está Cristo, el centro de las Sagradas Escrituras. La esencia del plan salvífico gira en torno a la persona de Cristo. De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos. (He 4:12 NVI).
Invito a toda la comunidad musulmana y, a todos los judíos no mesiánicos a aceptar a Cristo como su Salvador.
Que su Palabra pueda satisfacer su necesidad espiritual en este día. Confío que así será. Cuenta con mi Dios. Mi Dios es real. Mi Dios es Dios, porque únicamente él es Dios. Mi Dios sin igual.
¡Bendecido día!
«Adquiere la verdad y la sabiduría, la disciplina y el discernimiento, ¡y no los vendas!» (Pr 23:23 NVI)
Prof. Benjamín López Rivera, MEd
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