¿Qué fue lo que provocó la fuerte agonía en Jesús? ¿Qué contenía la copa que le produjo tanto dolor y angustia? Sin lugar a dudas, la copa contenía la ira de Dios (Jeremías 25:15-17; Habacuc 2:16; Apocalipsis 14:10). Jesús, bebió hasta el último trago amargo de la copa de la ira de Dios. Cabe preguntar, ¿qué provocó la ira de Dios? Habacuc, parece inferir que fue el pecado: "Tú eres demasiado puro para consentir el mal, para contemplar con agrado la iniquidad" (Habacuc 1:13, DHH).
Antes de llegar a la cruz, hubo un Getsemaní, para Jesús. Su copa fue amarga, insoportable y agónica.
¿No sé cuál es tu Getsemaní? ¿No sé cuan amarga e insoportable es tu copa? Cuando miras a tu alrededor solo hay oscuridad. Lloras a gritos pero nadie te escucha. Nadie entiende tu dolor. Jesús dijo: "Si alguno quiere ser mi discípulo, cargue con su cruz, y sígame" (Mateo 16:24). Estas palabras podrían significar que hay que estar dispuesto a todo, incluso a morir por Cristo. Habrá de todo en nuestro caminar con Dios. No olvides que antes de llegar al Calvario, hubo un desierto y un Getsemaní para Jesús. No sé que tan fuerte sea para ti pero tendrás tu desierto y tu Getsemaní.
No te impacientes. No te desanimes. Porque en algún momento de tu Getsemaní, en plena oscuridad "se levantará el Sol de justicia, y en sus alas traerá sanidad" (Malaquías 4:2). Jesús, nuestro Sol de justicia traerá sanidad para tu vida. Ya sea sanidad física o espiritual. Necesitamos ambas. Lo que hoy parece tan amargo, insoportable y agónico para ti, pasará. No sé cuál es tu Getsemaní, pero lo que salga de su boca determinará tu aflicción o bendición. Por eso, no te inquietes ni te impacientes ni te desanimes.
Clama al Padre. Pídele ayuda. Llora a gritos. Suplica si es posible como hizo Jesús. Mientras pasas por el proceso, procura hacer todo lo que agrada al Señor (Hebreos 5:7), y verás como se levantará el Sol de justicia, y traerá sanidad para ti (Malaquías 4:2).
Que la paz de nuestro Señor Jesús, te acompañe en tu desierto y tu Getsemaní, porque el Calvario ya pasó. Jesús, lo sufrió y venció por amor a ti. ¡A él sea la gloria y el honor por los siglos de los siglos!
Que su Palabra pueda satisfacer su necesidad espiritual en este día. Confío que así será. Cuenta con mi Dios. Mi Dios es real. Mi Dios es Dios, porque únicamente él es Dios. Mi Dios sin igual.
¡Bendecido día!
«Adquiere la verdad y la sabiduría, la disciplina y el discernimiento, ¡y no los vendas!» (Pr 23:23 NVI)
Prof. Benjamín López Rivera, MEd
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