La Biblia, diserta que Dios creó a la pareja edénica a su imagen y semejanza (Ge 1:26-27). El relato genesiano culmina con esta declaración: «Y Dios vio todo lo que había hecho y he aquí que era bueno en gran manera» (Ge 1:31). Hasta ese momento todo estaba en orden. Pues, Dios es un Dios de orden (1 Cor 14:33). Sin embargo, la dinámica del orden cósmico cambia en Génesis 3. La toma de decisión de uno de los seres creado cambió todo el panorama. Después de la caída, es el ser creado quien decide crear a Dios a su propia imagen, es decir, mentaliza su propio dios -el dios que llevamos dentro. Hemos creado nuestro propio concepto de Dios. Lo hemos idealizado conforme a nuestra percepción. La narrativa genesiana enuncia que la humanidad comenzó a tener problemas debido a la toma de decisión de la pareja edénica (Ge 4:8; 6:1-5). Génesis 6:5 aduce: «El SEÑOR vio que la gente en la tierra era muy mala y que todo lo que siempre pensaban no era más que maldad».
La toma de decisión edénica trajo consigo problemas y malentendidos. Entre ellos, la distorsión de la imagen del Creador. Los seres humanos comenzaron a crear a Dios, a su propia imagen. La nueva naturaleza caída adquirida comenzó a hacer una nueva imagen de Dios. Tanto así, que posteriormente Dios tuvo que amonestar a la raza caída: «No te harás imagen de ninguna cosa que está en el cielo...» (Ex 20:4). Más tarde Pablo, escribió: «...cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador» (Ro 1:25). Más allá de la amonestación prohibitiva en el evento exodiano (20:4) podría incluirse la percepción del dios que llevamos dentro. El dios que hemos creado.
Según Génesis 3:6, el ser creado decidió alcanzar la sabiduría del Altísimo. Alcanzar la sabiduría del Altísimo, puede estar relacionado con crear a Dios a nuestra propia imagen, o sea, crear nuestro propio dios. Todos tenemos una imagen o percepción diferente de Dios. Tal vez esto haya sido un factor del porqué existen aproximadamente 4.300 confesiones religiosas. Diversidad perceptiva. Algunos infieren que Dios es trino. Tres Personalidades singulares comparten la esencia divina (trinitarismo). Otros deducen que en Dios hay dos Personalidades singulares (biteísmo), y otros coligen que Dios es una divinidad (unitarismo).
Como he mencionado, la toma de decisión edénica trajo consigo muchos problemas. En una de las cartas cursada por el apóstol Pablo, se diserta lo siguiente: «A pesar de los seres humanos haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón». Además, aduce que «…..los seres humanos cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador» (Ro 1:21, 25). El último enunciado de este pasaje es significativo: «adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador». Podríamos puntualizar lo siguiente, por supuesto, no en el contexto dado pero sí podemos extraer algún principio. La sintaxis de este enunciado consta de dos verbos y un sustantivo. Concentrémosnos en el verbo λατρεύω latreúō, ministrar, rendir homenaje religioso: servir, hacer el servicio, adorar, y el sustantivo κτίσις ktísis, criatura -que puede ser cualquier cosa (Strong's). Hoy en día la mayoría de las personas religiosas le sirven más a la criatura que a Dios mismo. Se alinean más a las figuras prominentes de sus iglesias que a Dios. Creen más en percepciones humanas que a Dios.
¿Qué sucede si una de las figuras prominentes, a la que estás alineado, ya sea el sacerdote de tu iglesia, o el pastor, o el evangelista está ofuzcada con su cultura? Demás está decir que el enceguecimiento cultural es peligroso porque pretende escuchar más a la cultura que a la voz del Espíritu Santo. En otras palabras, es un riesgo seguir la voz de una figura prominente incitada por los instintos culturales en vez de la convicción del Espíritu Santo. Tomar decisiones espirituales basadas en instintos culturales es peligroso. Leí en un artículo algo semejante, textualmente dice: «Si no encaja con mi cultura, no es de Dios y no es para mi. Parece ser el principio detrás de la vida de muchos. La realidad es que cuando el hombre hace cultura hay esperanza, porque la puede cambiar cuando su luz aumenta. Pero cuando la cultura hace al hombre no hay esperanza».
Cabe preguntar, ¿cuándo el ser humano decidió crear a Dios a su imagen? En el mismo momento que deseó adquirir la sabiduría del único Dios sabio. El evento de Génesis 3 es iterativo. Es una realidad innegable. El testimonial de muchos refleja el mal edénico. Eva, quiso adquirir la sabiduría del único Dios sabio. Pablo, nos dice quién es el único Dios sabio (Ro 16:27). Algunos en vez de demandar la sabiduría que viene de lo alto, o sea del único Dios sabio (Stg 3:13-18), hacen lo contrario. Tal como hizo Eva, se hacen sabios ellos mismos. Toman el lugar de Dios. Al tomar el lugar de Dios, toman decisiones que solo le corresponden al único Dios sabio. En la Biblia, encontramos la expresión hombre de pecado (2 Tes 2:3). Por lo general, este pasaje es visto de forma profética. Se le da diferentes interpretaciones, por ejemplo, como un principio de pecado. En este caso, el hombre de pecado es el «principio» de maldad. O se aplica a un sistema religioso (el imperio romano), o un personaje (el Anticristo), o Satanás. Independientemente de la exégesis de este pasaje, permítame iterar algo que he escrito antes con respecto a la expresión «hombre de pecado». En la carta cursada por el apóstol Pablo en la pequeña sección apocalíptica plasmada en 2 Tesalonisenses 2:1-12, en específico el (v. 3) encontramos la expresión griega [ánthrōpos hamartía, traducida como «hombre de pecado», literalmente, «ese hombre del pecado» (lo que lo caracteriza es el pecado)]. Posteriormente, en el (v. 8) lo llama «aquel inicuo» traducción del adjetivo ἄνομος ánomos «sin ley», puede ser traducido como «hombre de ilegalidad». La semántica de esta expresión es significativa porque hace alusión al que obra sin ley, por voluntad propia. El que se pone en el lugar de Dios. El que toma el lugar que le corresponde a Dios. Como reza la Biblia del jubileo: «...oponiéndose, y levantándose contra todo lo que se llama Dios, o divinidad; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose parecer Dios» (1 Tes 2:3-4, JBS). Más allá de la exégesis que se le dé a esta expresión, el principio es que se opone a Dios. Pretende tomar el lugar que corresponde a Dios. Tal como hizo Eva. Este pasaje tiene una connotación con Génesis 3 con respeto a la toma de decisión de Eva. En Génesis 3:6, encontramos el sustantivo femenino [תַּאֲוָה (taʼăvâh, «anhelo o deseo excesivo»)]. Dios había creado a Eva para que fuera ayuda idónea de Adán. Ayuda idónea significa «sentido de igualdad». Pero la propuesta de Satanás: «serás como Dios» llamó su atención. Ser como Dios significa «adquirir su sabiduría»: «La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría» (Génesis 3:6, NVI). En este pasaje encontramos el verbo hebreo [שָׂכַל (śāḵal, significa «hacerse sabio»)]. La semántica etimológica de este verbo implica que Eva, no quería alcanzar la autoridad de Adán, esa autoridad era idónea, sino que deseaba una autoridad máxima, a saber, hacerse sabia (ser) como Dios. Fue creada a imagen y semejanza de Dios. Fue creada para estar con Adán, en sentido de igualdad, pero deseó ser como Dios, conociendo el bien y el mal. En cierto sentido fue como Dios conociendo el bien y el mal (Ge 3:22). No se conformó con ser creada a imagen y semejanza de Dios, sino que quiso ser como Él. El resultado alcanzado: «destituida de la gloria de Dios». La mujer que había sido creada a imagen y semejanza de Dios, optó por la imagen y semejanza de Satanás. A la verdad que el pecado es algo terrible.
Hemos creado o idealizado nuestro propio dios. El dios que llevamos dentro. El dios del prejuicio, la negligencia, la desigualdad, la intolerancia y la inseguridad. Literalmente, hemos optado por crear a Dios, a nuestra imagen distorsionada por el pecado.
«Y, dijo el hombre, hagamos a Dios, a nuestra imagen». La peor toma de decisiones de la historia humana, idealizar a Dios conforme a nuestra imagen y semejanza corrompida por el pecado.
Señor, te pedimos perdón por ponernos en tu lugar a la hora de tomar decisiones. Que en tu nombre podamos restituir el daño que hemos causado. Gracias por perdonarnos en Cristo Jesús.
Que su Palabra pueda satisfacer su necesidad espiritual en este día. Confío que así será. Cuenta con mi Dios. Mi Dios es real. Mi Dios es Dios, porque únicamente él es Dios. Mi Dios sin igual.
¡Bendecido día!
«Adquiere la verdad y la sabiduría, la disciplina y el discernimiento, ¡y no los vendas!» (Pr 23:23 NVI)
Prof. Benjamín López Rivera, MEd
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